
Clásicos del mundo
La Grulla Agradecida
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Hace mucho tiempo, Anansi la araña inteligente decidió que si poseía toda la sabiduría del mundo, todos vendrían a él para obtener respuestas. Recogía cada lección, proverbio, y la idea útil que podía encontrar y colocar en una olla de barro grande.
Cuando la olla estaba llena, Anansi se preocupaba de que alguien pudiera encontrarla. La ató por la parte delantera de su cuerpo e intentó trepar a un árbol alto, pero la olla voluminosa golpeó el tronco una y otra vez, dejándolo incapaz de moverse hacia arriba.
El niño de Anansi, Ntikuma, miró desde abajo. Anota la olla detrás de ti, Padre. Entonces puedes abrazar el árbol, sugirieron. Anansi se congeló. Afirmó tener toda la sabiduría, pero su hijo había pensado en algo que había perdido.
Avergonzada y cruzada, Anansi perdió su agarre en la cuerda. La olla se agitó sobre el suelo suave y se abrió. Sin herir a nadie, la luz de la sabiduría se deslizó sobre el viento, fluyó en arroyos, y se dispersó por los campos.
Anansi comprendió lentamente que no importa cuántas lecciones recogiera, todavía podía aprender de alguien pequeño. Desde entonces, la sabiduría vivía entre muchas personas y brillaba más brillante cada vez que una persona escuchaba a otra.
Nadie lo sabe todo; la sabiduría crece cuando la gente escucha y comparte lo que sabe.
Anansi reúne la sabiduría del mundo en una olla para que pueda guardarla para sí mismo. Una simple sugerencia de su hijo revela que la sabiduría nunca podría pertenecer a una sola persona.
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