La pequeña rana que esperaba la lluvia

La estación seca había durado mucho más de lo habitual este año. El pequeño estanque donde vivía la rana se encogió un poco más cada día. La pequeña rana miraba con esperanza al cielo, deseando que la lluvia se apresurara y viniera.

Cada día la pequeña rana se quejaba sin fin. Gritaba al sol preguntando por qué hacía tanto calor, y al viento preguntándose por qué no soplaba las nubes de lluvia. Cuanto más se quejaba, más frustrado se sentía.

Una vieja y grande tortuga, que había vivido en el estanque durante muchos años, veía a la pequeña rana quejarse todos los días. Le invitaban a cavar el estanque un poco más profundo para salvar el último trozo de agua, y le decían suavemente que la paciencia importaba mucho más que quejarse.

La pequeña rana empezó a comprender y dejó de quejarse. Ayudó a los peces y a la tortuga a compartir el agua que permanecía entre todos. Cada día se sentaban juntos pacientemente, esperando tranquilamente la lluvia.

Por fin, nubes de lluvia oscura se envolvieron y cubrieron el cielo, y la lluvia se derramó hasta que el estanque se llenó de nuevo. La pequeña rana saltó de alegría, dándose cuenta de que la paciencia y ayudándose mutuamente eran lo que los había llevado a través de los días secos.
Moral de la historia
La paciencia y la ayuda mutua son los que nos llevan a través de los días más duros y secos.
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