
Las fables de AESOP
La Zorra y la Cigüeña
⏱ 3–5 Min
Androcles huyó de su cruel amo y se escondió en una cueva en el bosque, donde escuchó los dolorosos rugidos de un león con una pata muy hinchada.
Se acercó con calma y encontró una espina grande y aguda profundamente alojada en la pata del león. Con cuidado, sacó la espina.
El dolor del león desapareció instantáneamente. Lamió la mano de Androcles agradecidamente, y los dos se hicieron amigos, viviendo juntos en el bosque por un tiempo.
Más tarde, Androcles fue capturado por soldados y arrojado a una arena para luchar contra un león feroz ante una multitud enorme. Todos creían que estaba condenado.
Cuando el león saltó, no atacó, sino que se levantó y lamió suavemente su mano, porque era el mismo león que recordaba su bondad. La multitud atónita liberó a Androcles.
La bondad que plantamos puede volver para salvarnos en un día que menos esperamos.
Un esclavo fugitivo ayuda a un león con una espina clavada en su pata en lo profundo del bosque. Más tarde, obligado a luchar contra un león en la arena, descubre que es el mismo león que recuerda su amabilidad.
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